El correo electrónico sigue siendo una de las principales
puertas de entrada utilizadas por el ciberdelito en España. A esto se suma un
factor que acelera el problema: el uso de Inteligencia Artificial para
perfeccionar campañas de phishing y fraude, con mensajes cada vez más
convincentes y difíciles de distinguir de un correo legítimo.
Dentro de este contexto, la suplantación de identidad por correo electrónico (email spoofing) continúa siendo una técnica especialmente eficaz para iniciar fraudes y robar credenciales. Sin embargo, la evolución reciente añade un matiz especialmente preocupante: ataques que logran que correos enviados desde fuera de la organización “parezcan” internos, aumentando drásticamente su credibilidad.
Microsoft advertía este mes de enero sobre campañas que explotan escenarios de enrutado y protecciones anti-spoofing mal configuradas para suplantar dominios corporativos y reforzar la apariencia de legitimidad de correos maliciosos. En la práctica, este tipo de ataque pone el foco en un punto crítico: el dominio y cómo se autentican los correos que dicen provenir de él.
De las “señales visibles” a la confianza en el dominio
Durante años, muchas organizaciones han basado la detección del phishing en señales visibles del mensaje (tono, urgencia, diseño, errores lingüísticos). Pero en campañas cada vez más sofisticadas, esa estrategia se queda corta: el atacante busca aprovechar la confianza depositada en el nombre de la empresa, su dominio y su reputación.
Por eso, proteger el dominio ya no es solo una cuestión de “mejorar la entregabilidad”. Hoy es, sobre todo, una medida de protección de marca, de reducción de riesgo y de defensa frente a estafas dirigidas a empleados, clientes y proveedores.
Qué suele fallar y por dónde empiezan muchos ataques
La experiencia del sector apunta a patrones recurrentes que facilitan el éxito del spoofing:
- Dominios sin políticas de autenticación correctamente configuradas (SPF, DKIM y DMARC).
- Entornos con enrutado complejo (servicios de terceros, entornos híbridos, pasarelas y relays) donde las protecciones anti-spoofing no se aplican de forma consistente.
- Controles que existen “en papel”, pero no se monitorizan ni se ajustan cuando aparecen nuevos emisores, cambios en DNS o modificaciones del flujo de correo.
El resultado es un escenario donde un atacante puede enviar correos que aparenten pertenecer a la organización, explotando fallos de configuración, rutas de correo complejas o políticas incompletas.
Ontinet.com: protección del dominio como prioridad para empresas y canal
En este contexto, Ontinet.com, como empresa especializada en la distribución mayorista de soluciones y servicios de ciberseguridad, pone a disposición del canal soluciones diseñadas específicamente para afrontar este reto.
Entre ellas destaca Sendmarc, enfocada en ayudar a las empresas a protegerse frente a la suplantación de identidad por email mediante la adopción y gestión de políticas de autenticación SPF, DKIM y DMARC. El objetivo es claro: evitar que el dominio sea utilizado para estafar, reforzando la protección del nombre corporativo, la reputación y la confianza de clientes y partners.
Este enfoque resulta especialmente relevante para organizaciones de cualquier tamaño, ya que la suplantación de dominio no solo afecta a grandes marcas: cualquier empresa con presencia digital y comunicaciones por email puede ser objetivo, precisamente porque su dominio puede convertirse en un vehículo de fraude.
Un mensaje claro: el dominio también es superficie de ataque
La sofisticación del spoofing demuestra que la seguridad del correo ya no puede centrarse únicamente en el contenido del mensaje. La autenticación del dominio y su supervisión continua pasan a ser elementos esenciales dentro de una estrategia de ciberseguridad completa.
Para las empresas, el mensaje es directo: proteger el dominio es proteger la marca, reducir el riesgo de fraude y cortar una de las vías de entrada más utilizadas por la ciberdelincuencia.